miércoles, 11 de julio de 2018

Don Pablo
En una pequeña aldea, en lo más profundo de la densa vegetación de mi bello país, Guatemala, vivía una familia de las tantas laboriosas, que habitan el área rural de esta nación.
                Era una de esas familias que desde temprana hora, se levantan a trabajar; Para conseguir el sustento diario. Siempre se levantaban a las cuatro de la mañana, como decía don Pablo “Para ganarle tiempo al gringo (El sol)”
                Un día, don Pablo Se levantó un poco antes de lo acostumbrado, se vistió y hablo en su acostumbrado tono fuerte diciendo: -Arriba patojos, hoy nos vamos un poco antes, pues es viernes y debemos avanzar todo lo posible porque, deseo que mañana terminemos  de limpiar el frijol, que ya está floreado, no quiero que nada impida que el domingo asista a mi juego de pelota y así también ustedes puedan ir a travesear con los demás patojos. Al escuchar esto Doña Oralia grito desde su cama. –Vos viejo deja dormir a los patojos un poco más; el sueño de la madrugada para ellos es el mejor.
-Dejame dormir a mí, mejor decí; nombre que desde pequeños se acostumbren a trabajar. Y vos anda levantándote también, porque tenés que llegar luego con el desayuno -resolvió don Pablo.
                Ese viernes, dieron su máximo esfuerzo hasta casi terminar de limpiar el frijolar.
–Primero Dios mañana terminamos a buena hora, exclamo satisfecho don pablo­­ -mientras tanto llegando a la casa, hay que rajar leña, bajar un poco de maíz de la prensa, deshojarlas y  desgranarla, para que su nana tenga para el domingo y no los moleste cuando estén jugando.
                Llegaron de trabajar el sábado muy temprano, almorzaron y rápidamente los más astutos eligieron la tarea que mejor les pareció para su conveniencia; rajaron leña unos, otros bajaron las mazorcas de la prensa, otros las deshojaron y los restantes no tuvieron otra opción más que desgranar el maíz. Terminaron al filo de la tarde, cuando la oscuridad vencía la cansada luz de un bostezante sol, para dar paso a la imponente oscuridad de la noche. Y con ella una nueva oportunidad para esa familia de un merecido descanso.
                 Por fin, El gran día para ellos. Todos se levantaron a las seis de la mañana, doña Oralia fue al molino para transformar el nixtamal en masa y poder echar las tortillas para el desayuno. Desayunaron a eso de las ocho de la mañana. Y luego todos los patojos se fueron  a jugar, cada uno por su rumbo y don Pablo para el campo de futbol.
                Inicio el partido y don Pablo con el equipo de los Venados, lograron ganar el primer encuentro y sorprendentemente el segundo, con lo que se hicieron acreedores del primer lugar de la cuadrangular. El premio fueron trescientos quetzales en efectivo, al recibirlo acordaron todos que irían a celebrar y entonces fueron a la cantina más cercana a beber licor hasta perder el conocimiento.
                Cuando don Pablo reaccionó,  eran las once de la mañana del lunes veinticuatro horas más tarde. Había pasado la noche entera, durmiendo en el corredor de la cantina; y como era el cliente conocido de los cantineros no lo corrieron. Se levantó todo débil con la esperada resaca insoportable.
-Ah maldita goma. ¿Quién te aguanta? Murmuro con desesperación, se tocó las bolsas del pantalón y encontró su dinero completo, ah que bueno exclamó y antes que algo pasara y lo perdiera como debió ser, decidió que lo mejor era quitarse la cruda con un octavito; pero solo uno, -Se dijo.  Se tomó el octavo para sentirse aliviado, y así fue; pero pensó que era mejor tomarse otro y otro y otro más, porque a esa hora de nada serbia volver a casa ya era muy tarde para realizar cualquier tarea.
Apenas se había terminado el segundo octavo, cuando aparecieron algunos amigos, que sufrían el mismo padecimiento. Con lo que don Pablo se sintió muy motivado y juntos bebieron nuevamente sin control. Hasta que vio su reloj ¡Jesús! Ya eran las diez de la noche, había empezado a llover muy fuerte, los relámpagos a cada momento iluminaban el cielo y la ventisca golpeo con frialdad sus mejías. Ahora si debo irme –pensó- La mujer debe estar preocupada y súper enojada. Así salió corriendo y pegando alaridos de frio y dolor por las gotas de lluvia en su espalda.
Iba corriendo, cuando vio la pequeña vereda que era su atajo favorito para llegar en poco tiempo a casa y decidió ir por ella. Mientras tanto, doña Oralia rabiaba de coraje -ya no vino ese viejo mañoso, ha de estar borracho como siempre  junto a la bola de charamileros de sus amigos. Hombre más infeliz –replico.
Don Pablo sin embargo debía recorrer cuatro kilómetros de espesa vegetación, a oscuras y asustado por la tormenta eléctrica.
Cuando iba casi a la mitad del recorrido escuchó una fuerte precipitación. Entonces recordó el río que estaba a la mitad del camino y que debía estar súper crecido avanzo un poco más y comprobó su temible sospecha; el fuerte ruido de la corriente ensordecía; pero convencido de que no había otra opción y confiado de que en varias ocasiones lo había cruzado crecido, empezó a caminar río adentro. Apenas dio tres pasos cuando la corriente furiosa lo arrastro de golpe con tal fuerza que no pudo oponerse y de no ser por una piedra que estaba en el centro del río de la que se aferró hasta con las uñas, habría muerto ahogado. Se sentó sobre la piedra que con sus dos metros y medio de altura apenas superaba con treinta centímetros el nivel de la corriente furiosa.
Con el corazón acelerado al máximo, dando pulsaciones que casi le reventaban el pecho, pudo darse cuenta que el río le había arrebatado uno de sus zapatos; su billetera no estaba dentro de la bolsa de su pantalón y su maletín de implementos deportivos que de forma increíble se salvó de que no se lo robaran los otros bolos, había desaparecido entre la corriente;  pero, estaba agradecido con Dios de que su vida no corrió el mismo destino que estos objetos reemplazables.
Con tal susto, el nivel de alcohol en la sangre había disminuido, y pudo tener más control de sus actos y una vez recuperado dio un salto largo que le permitió aferrar de unos arbustos a la orilla del río y gateando salió del peligro. Su camisa blanca de manga larga y su pantalón color azul cielo se habían enlodados completamente.
  No existe atajo eficaz para llegar a nuestro destino, más que el verdadero camino; el que todos conocemos.
Don Pablo entre la espesa oscuridad de la noche continúo su camino, trastrabando porque no veía nada, dudando por la falsedad de la resbalosa vereda, librando los obstáculos justo como en el largo camino de su vida y tropezándose con los robustos árboles que poblaban el bosque; y así después de varias horas de sufrimiento logró llegar a su casa.
Eran ya, las cinco de la mañana cuando toco a la puerta y uno de sus hijos le abrió; mientras doña Oralia muy cordialmente lo recibió diciendo:
¿Hasta hoy venís? ¿No te da vergüenza? ¿Mirá cómo traes esa ropa? Olvídate que te la vaya a lavar…Cállate –Grito don Pablo, o te cayo de un pencazo. Doña Oralia se sobre salto del susto y resolvió que lo mejor era algo que venía planeando desde hace tiempo.
-Ahorita nos vamos patojos, que se quede ese viejo, con sus vicios y sus amigos –dijo- no es lucha que lo estemos aguantando –agrego mientras alistaba sus cosas y así se marchó de casa. Don Pablo ya casi sobrio los siguió hasta el final del único dormitorio que tenía su pequeña casa y apoyándose en el umbral de la puerta les grito: “La pereza se los lleva; el hambre los trae de vuelta” ¡huevones!
Diciendo esto don Pablo, se tiró a dormir en una hamaca, que tenía atada en la cocina compuesta por cuatro postes altos y un techo de hojas de un árbol llamado manaque, se durmió por casi cinco horas, al despertar comió algo y haciendo memoria que tenía una botella de licor escondida. Corrió a traerla y se la bebió embriagándose nuevamente, hasta que se quedó en su hamaca más que dormido, inmóvil por  el alto grado de embriaguez. –Aparentemente don Pablo padecía de una fuerte ansiedad de beber a, decir verdad era un bebedor compulsivo.
¿Cuántas familias se destruyen al mes, al día, oh mejor dicho, en los países subdesarrollados por causa del alcohol? Estremece mi corazón el imaginar, la cantidad de niños que ven sus hogares desintegrarse para siempre. Personas que se rifan el físico por trabajar y obtener un malísimo pago, o quizá, trabajando sus tierras de sol a sol, para poder cultivar sus productos. Y que, no dejan; casi nada de ganancias no solo para malgastar lo poco que tiene comprando bebidas embriagantes, condenando a su familia a pasar días completos comiendo: un tamal con sal acompañado de agua hervida, por no poder siquiera comprar una libra de azúcar y un sobrecito de café. Todo esto provocado por la falta de entendimiento de padres machistas, que si bien el gobierno no los educo si tienen sentido común para identificar lo negro de lo blanco y lo bueno de lo malo etc.
Así a los tres días, de haber abandonado su hogar, doña Oralia y sus hijos volvieron, convencidos de que no había otra opción para ella y su octogénica descendencia, más que aguantar la mala vida que don Pablo solo les podía ofrecer. Don Pablo al verlos llegar no tuvo más que reír, asombrarse y enorgullecerse de que su refrán resulto atinado: “La pereza se los llevó y, el hambre gritó los trae de vuelta” ¡apúrense, a trabajar! Macho parado, no gana flete.


Por: Jorge Luis López.
                                                               JL2


No hay comentarios:

Publicar un comentario