Don Pablo
En una pequeña
aldea, en lo más profundo de la densa vegetación de mi bello país, Guatemala,
vivía una familia de las tantas laboriosas, que habitan el área rural de esta
nación.
Era
una de esas familias que desde temprana hora, se levantan a trabajar; Para
conseguir el sustento diario. Siempre se levantaban a las cuatro de la mañana,
como decía don Pablo “Para ganarle tiempo al gringo (El sol)”
Un
día, don Pablo Se levantó un poco antes de lo acostumbrado, se vistió y hablo
en su acostumbrado tono fuerte diciendo: -Arriba patojos, hoy nos vamos un poco
antes, pues es viernes y debemos avanzar todo lo posible porque, deseo que
mañana terminemos de limpiar el frijol,
que ya está floreado, no quiero que nada impida que el domingo asista a mi juego
de pelota y así también ustedes puedan ir a travesear con los demás patojos. Al
escuchar esto Doña Oralia grito desde su cama. –Vos viejo deja dormir a los
patojos un poco más; el sueño de la madrugada para ellos es el mejor.
-Dejame dormir a mí, mejor decí;
nombre que desde pequeños se acostumbren a trabajar. Y vos anda levantándote
también, porque tenés que llegar luego con el desayuno -resolvió don Pablo.
Ese
viernes, dieron su máximo esfuerzo hasta casi terminar de limpiar el frijolar.
–Primero Dios mañana terminamos a
buena hora, exclamo satisfecho don pablo -mientras tanto llegando a la casa,
hay que rajar leña, bajar un poco de maíz de la prensa, deshojarlas y desgranarla, para que su nana tenga para el
domingo y no los moleste cuando estén jugando.
Llegaron
de trabajar el sábado muy temprano, almorzaron y rápidamente los más astutos
eligieron la tarea que mejor les pareció para su conveniencia; rajaron leña
unos, otros bajaron las mazorcas de la prensa, otros las deshojaron y los
restantes no tuvieron otra opción más que desgranar el maíz. Terminaron al filo
de la tarde, cuando la oscuridad vencía la cansada luz de un bostezante sol,
para dar paso a la imponente oscuridad de la noche. Y con ella una nueva
oportunidad para esa familia de un merecido descanso.
Por fin, El gran día para ellos. Todos se
levantaron a las seis de la mañana, doña Oralia fue al molino para transformar
el nixtamal en masa y poder echar las tortillas para el desayuno. Desayunaron a
eso de las ocho de la mañana. Y luego todos los patojos se fueron a jugar, cada uno por su rumbo y don Pablo
para el campo de futbol.
Inicio
el partido y don Pablo con el equipo de los Venados, lograron ganar el primer
encuentro y sorprendentemente el segundo, con lo que se hicieron acreedores del
primer lugar de la cuadrangular. El premio fueron trescientos quetzales en
efectivo, al recibirlo acordaron todos que irían a celebrar y entonces fueron a
la cantina más cercana a beber licor hasta perder el conocimiento.
Cuando
don Pablo reaccionó, eran las once de la
mañana del lunes veinticuatro horas más tarde. Había pasado la noche entera,
durmiendo en el corredor de la cantina; y como era el cliente conocido de los
cantineros no lo corrieron. Se levantó todo débil con la esperada resaca
insoportable.
-Ah maldita goma. ¿Quién te
aguanta? Murmuro con desesperación, se tocó las bolsas del pantalón y encontró
su dinero completo, ah que bueno exclamó y antes que algo pasara y lo perdiera
como debió ser, decidió que lo mejor era quitarse la cruda con un octavito;
pero solo uno, -Se dijo. Se tomó el octavo
para sentirse aliviado, y así fue; pero pensó que era mejor tomarse otro y otro
y otro más, porque a esa hora de nada serbia volver a casa ya era muy tarde
para realizar cualquier tarea.
Apenas se
había terminado el segundo octavo, cuando aparecieron algunos amigos, que
sufrían el mismo padecimiento. Con lo que don Pablo se sintió muy motivado y
juntos bebieron nuevamente sin control. Hasta que vio su reloj ¡Jesús! Ya eran las
diez de la noche, había empezado a llover muy fuerte, los relámpagos a cada
momento iluminaban el cielo y la ventisca golpeo con frialdad sus mejías. Ahora
si debo irme –pensó- La mujer debe estar preocupada y súper enojada. Así salió
corriendo y pegando alaridos de frio y dolor por las gotas de lluvia en su
espalda.
Iba corriendo,
cuando vio la pequeña vereda que era su atajo favorito para llegar en poco
tiempo a casa y decidió ir por ella. Mientras tanto, doña Oralia rabiaba de
coraje -ya no vino ese viejo mañoso, ha de estar borracho como siempre junto a la bola de charamileros de sus amigos.
Hombre más infeliz –replico.
Don Pablo sin
embargo debía recorrer cuatro kilómetros de espesa vegetación, a oscuras y
asustado por la tormenta eléctrica.
Cuando iba
casi a la mitad del recorrido escuchó una fuerte precipitación. Entonces
recordó el río que estaba a la mitad del camino y que debía estar súper crecido
avanzo un poco más y comprobó su temible sospecha; el fuerte ruido de la
corriente ensordecía; pero convencido de que no había otra opción y confiado de
que en varias ocasiones lo había cruzado crecido, empezó a caminar río adentro.
Apenas dio tres pasos cuando la corriente furiosa lo arrastro de golpe con tal
fuerza que no pudo oponerse y de no ser por una piedra que estaba en el centro
del río de la que se aferró hasta con las uñas, habría muerto ahogado. Se sentó
sobre la piedra que con sus dos metros y medio de altura apenas superaba con
treinta centímetros el nivel de la corriente furiosa.
Con el corazón
acelerado al máximo, dando pulsaciones que casi le reventaban el pecho, pudo
darse cuenta que el río le había arrebatado uno de sus zapatos; su billetera no
estaba dentro de la bolsa de su pantalón y su maletín de implementos deportivos
que de forma increíble se salvó de que no se lo robaran los otros bolos, había
desaparecido entre la corriente; pero,
estaba agradecido con Dios de que su vida no corrió el mismo destino que estos
objetos reemplazables.
Con tal susto,
el nivel de alcohol en la sangre había disminuido, y pudo tener más control de
sus actos y una vez recuperado dio un salto largo que le permitió aferrar de
unos arbustos a la orilla del río y gateando salió del peligro. Su camisa
blanca de manga larga y su pantalón color azul cielo se habían enlodados
completamente.
No
existe atajo eficaz para llegar a nuestro destino, más que el verdadero camino;
el que todos conocemos.
Don Pablo entre
la espesa oscuridad de la noche continúo su camino, trastrabando porque no veía
nada, dudando por la falsedad de la resbalosa vereda, librando los obstáculos
justo como en el largo camino de su vida y tropezándose con los robustos
árboles que poblaban el bosque; y así después de varias horas de sufrimiento
logró llegar a su casa.
Eran ya, las
cinco de la mañana cuando toco a la puerta y uno de sus hijos le abrió;
mientras doña Oralia muy cordialmente lo recibió diciendo:
¿Hasta hoy
venís? ¿No te da vergüenza? ¿Mirá cómo traes esa ropa? Olvídate que te la vaya
a lavar…Cállate –Grito don Pablo, o te cayo de un pencazo. Doña Oralia se sobre
salto del susto y resolvió que lo mejor era algo que venía planeando desde hace
tiempo.
-Ahorita nos
vamos patojos, que se quede ese viejo, con sus vicios y sus amigos –dijo- no es
lucha que lo estemos aguantando –agrego mientras alistaba sus cosas y así se
marchó de casa. Don Pablo ya casi sobrio los siguió hasta el final del único
dormitorio que tenía su pequeña casa y apoyándose en el umbral de la puerta les
grito: “La pereza se los lleva; el hambre los trae de vuelta” ¡huevones!
Diciendo esto
don Pablo, se tiró a dormir en una hamaca, que tenía atada en la cocina compuesta
por cuatro postes altos y un techo de hojas de un árbol llamado manaque, se
durmió por casi cinco horas, al despertar comió algo y haciendo memoria que
tenía una botella de licor escondida. Corrió a traerla y se la bebió
embriagándose nuevamente, hasta que se quedó en su hamaca más que dormido,
inmóvil por el alto grado de embriaguez.
–Aparentemente don Pablo padecía de una fuerte ansiedad de beber a, decir
verdad era un bebedor compulsivo.
¿Cuántas
familias se destruyen al mes, al día, oh mejor dicho, en los países
subdesarrollados por causa del alcohol? Estremece mi corazón el imaginar, la
cantidad de niños que ven sus hogares desintegrarse para siempre. Personas que
se rifan el físico por trabajar y obtener un malísimo pago, o quizá, trabajando
sus tierras de sol a sol, para poder cultivar sus productos. Y que, no dejan; casi
nada de ganancias no solo para malgastar lo poco que tiene comprando bebidas
embriagantes, condenando a su familia a pasar días completos comiendo: un tamal
con sal acompañado de agua hervida, por no poder siquiera comprar una libra de
azúcar y un sobrecito de café. Todo esto provocado por la falta de entendimiento
de padres machistas, que si bien el gobierno no los educo si tienen sentido
común para identificar lo negro de lo blanco y lo bueno de lo malo etc.
Así a los tres
días, de haber abandonado su hogar, doña Oralia y sus hijos volvieron, convencidos
de que no había otra opción para ella y su octogénica descendencia, más que
aguantar la mala vida que don Pablo solo les podía ofrecer. Don Pablo al verlos
llegar no tuvo más que reír, asombrarse y enorgullecerse de que su refrán
resulto atinado: “La pereza se los llevó y, el hambre gritó los trae de vuelta”
¡apúrense, a trabajar! Macho parado, no gana flete.
Por: Jorge Luis López.
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